Merecimiento, autoestima y constelaciones con caballos con Yolanda Modrego

Actualizado: hace 9 horas
Hay personas que trabajan más, se exigen más y ayudan más, con la sensación de que todavía tienen que ganarse el derecho a ser felices. En esta entrevista, Yolanda Modrego pone nombre a esa herida y comparte el camino que la llevó de los despachos de una multinacional a las manadas de caballos. Con humor, cercanía y mucha fe en la vida, nos invita a pasar de pensar que merecemos a sentirlo de verdad en el cuerpo.
Quién es Yolanda Modrego
Yolanda es coach generativa, consteladora con caballos y autora del libro Yo merezco. Economista de formación, con un máster en comunicación, ocupó durante años puestos directivos en el marketing de grandes multinacionales. Practica yoga desde los veintidós años y es profesora de Kundalini yoga; fundó en Barcelona el centro Alma de Yoga y después se especializó en coaching generativo, un coaching somático y experiencial que trabaja con el inconsciente a través del trance. Se ha formado con referentes como Robert Dilts y Joe Dispenza. Hoy acompaña sobre todo a mujeres en su academia, presencial y online, en talleres, retiros y constelaciones sistémicas con caballos.
Cuando el cuerpo marca el camino
La Yolanda de aquella etapa vivía con un enfoque de resultados: «si consigo algo, soy algo». Cada verano viajaba a África, y en Togo y Benín le impactó ver a personas felices con muy poco, viviendo de su huerta y de lo que tenían alrededor. Al volver a la oficina sentía con fuerza que ese ya era otro lugar para ella. Durante años sostuvo esa incoherencia hasta que su cuerpo empezó a expresarla.
Entonces llegó un viaje a Perú en el que un accidente cambió su rumbo. Yolanda lo vive con gratitud: aquel viaje la colocó, por primera vez, en el último lugar de un grupo, la invitó a soltar su equipaje y a confiar en que otras personas la ayudaran. Ella, que siempre decía «yo puedo con todo», descubrió la compasión hacia sí misma. A su regreso a Barcelona tuvo claro que era el momento de cerrar esa etapa y rechazó las ofertas de los cazatalentos para volver a la dirección.
«Fue una Yolanda que tuvo que quebrar, que tuvo que ir a un pozo para poder renacer desde las cenizas.»
El yoga ya formaba parte de su día a día. Le daba la paz que buscaba y le mostró una idea que hoy comparte con sus alumnas: tu lugar es dentro, tu lugar es la paz, y aquello que te descentra merece ser revisado, en el trabajo o en lo personal.
Un cambio progresivo
Su transformación fue gradual. Primero llegaron las clases de yoga y su propio centro, que fue creciendo hasta permitirle vivir de su vocación. Después llegó el coaching generativo, y poco a poco fue más coach que profesora de yoga. Empezó a ofrecer talleres de aportación voluntaria para cientos de personas, a pesar de las dudas de su entorno, y aquellos encuentros acabaron llamándose Yo merezco, un nombre que registró como marca.
La pandemia fue su segundo renacer. Con el centro cerrado, buscó un mentor digital, creó su primer programa online y descubrió un camino que llevaba tiempo aplazando. El libro quedó en pausa hasta que volvió a encontrar la energía creativa para terminarlo.
La herida del merecimiento
«La herida de no merecimiento es tomar migajas de la vida porque no me siento suficiente.»
Yolanda reconoce que esa herida fue la razón por la que tardó tanto en dar el paso. Y la encuentra en muchas de las mujeres que acompaña: mujeres muy capaces, con muchas formaciones, que se conforman con migajas en la pareja, en el trabajo o en el dinero. Muchas personas piensan que merecen una vida mejor, pero todavía lo sienten poco. Por eso insiste en la coherencia entre pensar, sentir y actuar, una idea que comparte con Joe Dispenza y que vivió en su propio proceso: se sintió merecedora en el momento en que hizo el movimiento.
Un test sencillo de coherencia
Cierra los ojos y relájate unos instantes.
Conecta con lo más importante que quieres crear en tu vida, por ejemplo, amarte más.
Pregúntate del 1 al 10 cuánto piensas que lo mereces, y después cuánto lo sientes en el cuerpo.
Observa la distancia entre tu yo actual y ese yo futuro: ¿lo sientes cerca o muy lejos?
Conecta con una emoción elevada hasta traer ese futuro al presente: un 10 en la cabeza, en el corazón y en la acción.
La base del coaching generativo, explica, es que si lo puedes ver, lo puedes crear. Y además hace falta sentirlo.
Yo merezco, el libro
El libro nace de su propio proceso. La primera parte ayuda al lector a reconocer las señales de su cuerpo cuando vive una vida alejada de lo que su corazón quiere: el sistema nervioso saturado, el descanso alterado, la sensación de que la vida pesa. Para Yolanda, el cuerpo es el gran semáforo. Su intención es que cada persona se escuche antes, a tiempo, y se deje acompañar.
La segunda parte es práctica, como un curso: incluye nueve hipnosis accesibles con código QR para recorrer un pequeño proceso de coaching, fijar una intención, entrar en relajación profunda y conocer el proceso Disney, uno de los modelos del coaching generativo que más le gustan.
Límites, culpa y amor propio
Dar y dar para que nos quieran responde, según Yolanda, a la creencia de «no soy suficiente». Es una de las carencias que más encuentra en sus procesos, y la ve muy ligada a lo sistémico: a muchas personas les enseñaron a complacer para recibir amor. Cuando decimos sí a lo que en realidad rechazamos, regalamos nuestra energía. La propuesta es aprender a poner límites desde el amor y el respeto hacia una misma.
«Si yo me lleno de amor, tanto un sí como un no pueden venir desde el amor.»
La culpa aparece porque sentimos que el límite hace daño, cuando en realidad, dice, también ofrece luz a la otra persona. Detrás está el miedo al rechazo y al abandono, que trabaja en profundidad, desde las raíces del sistema familiar y desde los arquetipos de luz que también viven en cada persona. Y diferencia entre cuidarse primero, como en el avión cuando te pones antes tu propia mascarilla, y el egocentrismo. Recuerda también una frase que comparte con sus alumnas: «Amarás al prójimo como a ti mismo».
Ideas para poner límites sanos
Un límite dicho desde el amor también aporta luz a la otra persona.
Pregúntate: ¿qué me pasa a mí si esta persona deja de quererme?
Cuidarte primero te permite cuidar mejor de los demás.
Exprésalo desde tu centro y con calma, antes de que llegue el enfado.
La niña interior y el apadrinamiento
Para Yolanda, la herida la lleva la niña interior y quien la apadrina es la adulta. Muchas heridas de abandono y rechazo nacen de haber echado de menos, en la infancia, la mirada de un adulto. En sus talleres propone elegir el caballo que más mueve a la persona por dentro para que represente a su niña, y mirarlo desde el corazón diciéndole las palabras que quizá esperó escuchar de pequeña.
«Existes. Estoy aquí, te veo, eres única, eres importante.»
Ese reconocimiento, proyectado en un animal que responde a lo que siente la persona, va directo al cuerpo. Yolanda añade que la pareja suele ser el gran espejo que nos muestra cuándo volvemos a actuar desde la niña.
Cómo llegaron los caballos
En plena pandemia, en un momento de mucha dificultad, Yolanda se sentó a meditar y a cantar mantras con su japa mala, pidiendo ayuda con toda su devoción. Tras horas de práctica se rindió, y en ese instante vio la imagen de un caballo marrón con una mancha blanca que le decía: «Si tú me ayudas, yo te ayudo». Ella, economista, muy racional y nueva en el mundo de los caballos, pensó que estaba imaginando cosas.
Días después, en una casa rural cerca de Barcelona, una yegua marrón con una mancha blanca fue directa hacia ella. Se llamaba Píbole y hoy aparece en el penúltimo capítulo de su libro. Llegaron más señales: una sesión con un coach que quería trabajar con caballos y, justo después, el anuncio de una formación en constelaciones y coaching sistémico con caballos. Se apuntó. Hoy trabaja con varias manadas, en España y en sus viajes, y cuenta con humor que la sacaron de un centro de yoga para ponerle unas botas de montaña.
Constelaciones sistémicas con caballos
Yolanda explica que el caballo es un ser muy sensible por naturaleza: como animal de presa, está siempre atento a su entorno. Según cuenta, el campo electromagnético de su corazón alcanza unos siete metros y su ritmo cardiaco en reposo ronda las cuarenta pulsaciones. Al entrar en ese campo, la persona entra en coherencia cardiaca con el caballo, respira más despacio, su sistema nervioso se relaja y lo guardado puede salir. Por eso hay quien llora en cuanto se pone delante de la manada.
Sus constelaciones son sistémicas, distintas de las constelaciones familiares según el método de Bert Hellinger. En las sesiones individuales los caballos pueden representar partes de la persona; en los grupos, energías arquetípicas o emociones. Los caballos participan con libertad: entran los que sienten entrar. Yolanda acompaña con preguntas, y la interpretación siempre pertenece a la persona, porque cada ser es único. Hoy prefiere el trabajo en grupo por la resonancia que se crea y porque valora el compromiso con un proceso más allá de una experiencia puntual.
«Los caballos muestran la conexión con nuestro ser y lo que realmente quiere nuestra alma.»
Lo que más ha aprendido de ellos es a soltar el control: cuando escuchas al corazón, las cosas fluyen.
Sostener la luz para sostener la sombra
Muchas personas llegan a Yolanda conociendo muy bien su sombra. Ella les pide otra cosa: que le hablen de su luz y de sus bendiciones, y a menudo les cuesta encontrar palabras. Recuerda una enseñanza de su maestro Robert Dilts que guía su trabajo.
«Tú sostendrás tu sombra cuando sostengas tu luz.»
El miedo al rechazo se sostiene con mucho amor propio. Lo mismo ocurre con el miedo al éxito, que ella misma sintió. Para Yolanda el éxito tiene muchas formas: una persona que ilumina a quienes la rodean tocando la guitarra, una madre que acompaña a sus hijos a crecer. Y la espiritualidad, dice, es cotidiana: todos somos seres espirituales y la luz la tenemos todas las personas.
Primeros pasos hacia una vida que sientes merecer
Cambia el lenguaje. Empieza por la parte cognitiva: cómo te hablas y cómo nombras lo que mereces.
Abre la perspectiva. Si otra persona ha creado un cambio, tú también puedes. Yolanda lo llama «tragozar»: trabajar disfrutando de lo que te apasiona.
Pasa a la acción. Confiar en la vida va de la mano de moverse: las cosas llegan cuando te alineas.
Alinea cabeza, corazón y acción. Desde ahí vibras en la conexión y la abundancia.
Déjate acompañar. Un proceso compartido hace el camino más amable.
Preguntas rápidas
Una palabra para su momento vital: Alegría.
Libros que la marcaron: La voz de tu alma, El alquimista y El vencedor está solo, de Paulo Coelho.
Una cualidad que valora: La sinceridad.
Una creencia que se alegra de haber soltado: «No soy capaz».
Algo que hoy hace por ella: La disciplina del gimnasio y el cuidado de la alimentación.
Un lugar donde reconecta: Glastonbury, en Inglaterra.
Una palabra para el éxito: Amor.
Una persona que la inspira: Joe Dispenza.
Completa la frase: Yo merezco…: Ser feliz.
La frase para llevarte
«Sigue tus propios sueños, escucha la llamada del corazón y, si no sabes cómo llevarlos a cabo, déjate acompañar.» — Yolanda Modrego
Para llevarlo a tu vida
Haz el test de coherencia: puntúa del 1 al 10 cuánto piensas y cuánto sientes que mereces lo que deseas.
Escribe cinco cualidades de tu luz y léelas en voz alta cada mañana.
Dedica unos minutos a tu niña o niño interior y dile: existes, te veo, eres importante.
Escucha la entrevista completa
Libro de Yolanda Modrego: Yo merezco
Web de Yolanda Modrego: yolandamodrego.com
Instagram de Yolanda Modrego: @yolandamodregocoach
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