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Tantra y relaciones conscientes con Elma Roura

Foto del escritor: Cristodora Buiculescu
Cristodora Buiculescu
13 may
9 min de lectura

Actualizado: hace 9 horas

Hoy se habla mucho de relaciones, de bienestar emocional y hasta de tantra, y a la vez pocas veces se profundiza en lo que hay detrás: el cuerpo, el dolor, el placer y la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos. En esta entrevista, Elma Roura pone palabras a todo ello con una franqueza que despierta. Con más de veintidós años acompañando a personas, nos invita a bajar la teoría al cuerpo, a darnos permiso para sentir y a cuidar los básicos de cualquier vínculo. Una conversación intensa, humana y muy práctica.


Quién es Elma Roura


Elma es terapeuta especializada en relaciones de pareja y tantra, y una de las voces más reconocidas en España en el trabajo con el cuerpo, las emociones y la sexualidad consciente. Es facilitadora certificada de The Work de Byron Katie, una herramienta para cuestionar los pensamientos y trabajar las creencias que hoy está en el centro de su práctica. Lleva más de veintidós años acompañando a mujeres, hombres y parejas, con talleres, programas en línea y comunidades de práctica. Es autora de El camino al éxtasis y de Relaciones, ambos publicados por Ediciones Koan.



Una vocación que nace de dos lugares


Elma se describe como una persona normal con una vocación muy clara. Esa vocación, explica, tiene dos raíces. Una nace de la herida, de la búsqueda y de la necesidad de comprender: todo lo relacionado con salir del sufrimiento, entender la mente y explorar las relaciones. Este camino le pide compromiso, disciplina, humildad y mucha práctica. La otra, el tantra, llegó de forma natural, como algo que viene de serie y que siente que tiene que regalar, porque brota desde la abundancia. Su tarea ha sido aprender a que ambos lugares convivan y se quieran.

Desde adolescente fue una joven muy curiosa e intensa. Empezó Filosofía y guarda un recuerdo especial de un profesor que decía que estaban allí para aprender a hacerse preguntas. Esa frase le marcó el rumbo: buscar lugares donde aprender a preguntarse. Su escuela ha sido siempre la experiencia. Primero practica, siente y vive; después comprende.


«Pongo primero el cuerpo y luego lo entiendo. Esa es mi escuela.»



El dolor, la resistencia y el placer


Con dieciocho años, Elma hizo un retiro de meditación vipassana de diez días, un espacio de silencio y atención plena al cuerpo. Al tercer día apareció un dolor intenso en la espalda y, agotada, fue a hablar con la instructora. La respuesta le cambió la mirada: el problema estaba en su deseo de que el dolor desapareciera, más que en el dolor en sí. Elma decidió darle una oportunidad a esa idea y descubrió algo que la acompaña desde entonces: cuando dejaba de resistirse a la sensación, y sobre todo cuando dejaba de etiquetarla, la experiencia se transformaba por completo.

De aquel retiro salió con dos certezas. La primera, que había comprendido de forma vivencial cómo funciona la mente y que somos algo más amplio que nuestros pensamientos y emociones. La segunda, que necesitaba una herramienta para cuestionar sus pensamientos. La buscó, la encontró y se entregó a la práctica. Agradece profundamente lo que vivió allí y eligió su propio camino a partir de esa experiencia.



Somos material sensible


Cuando le preguntamos qué le sorprende del ser humano, Elma habla de su complejidad. Desde fuera es fácil dar recetas; acompañando procesos de verdad, una descubre que somos contradictorios, sensibles y únicos. Por eso desconfía de las fórmulas que encasillan a las personas y defiende escuchar con atención quién tienes delante y qué necesita en ese momento.


«Somos material sensible y necesitamos escuchar muy bien dónde estamos, quiénes somos y qué es lo que la persona necesita.»

También señala un reto de nuestro tiempo: tenemos más teoría que en cualquier otra época y más estímulos con los que compararnos. Cuando empezó, hace más de dos décadas, apenas había libros o internet, y cada cual tenía que buscar sus propias respuestas. Hoy el reto es otro: bajar todo ese conocimiento al cuerpo e integrarlo con recursos prácticos. Ahí es donde la teoría se convierte en vida, y donde recuperamos la humanidad en la manera de relacionarnos.



Qué es realmente el tantra


Muchas personas asocian el tantra únicamente con la sexualidad. Elma lo define de forma más amplia: una vía mística que va más allá de la dualidad y busca un estado de gozo interior. Es una filosofía de vida que trabaja la unión de lo masculino y lo femenino para salir de la dualidad. Para ella, este camino pide dos cimientos. El primero, una práctica personal para ocuparte de lo que te ocurre por dentro cada vez que algo te remueve. El segundo, una red humana: personas cercanas que te acompañen en los momentos difíciles.


«El tantra es una filosofía de vida que lo que quiere es salir de la dualidad.»

Sus sesiones adoptan muchos formatos, porque cada persona y cada pareja tienen necesidades distintas. Una pareja que lleva dos años juntos vive algo muy diferente a otra con diez años de relación e hijos pequeños. El contexto importa, y escucharlo forma parte del acompañamiento.

El tantra según Elma, en tres ideas

  • Es una vía mística que va más allá de la dualidad y busca el gozo interior, mucho más amplia que la sexualidad.

  • Pide una práctica de gestión emocional para ocuparte de lo que sientes.

  • Florece con una red humana que te sostenga en los momentos difíciles.




Volver al cuerpo, con tiempo y con creencias


Elma observa que el ritmo de vida actual, centrado en la eficacia y en producir, encaja poco con la naturaleza cíclica del cuerpo femenino. Reconoce que hay un componente social y económico real, y le encantaría que todas las niñas recibieran educación financiera para que, de adultas, tuvieran más libertad para respetar sus ritmos. Por eso invita a volver al cuerpo y a colocar el propio bienestar en un lugar más alto de la lista de prioridades.

Antes de proponer técnicas, Elma matiza algo importante. Lo primero es tener tiempo, también tiempo para aburrirse, que a veces resulta más sano que acumular prácticas. Lo segundo, el trabajo con las creencias, que para ella representa la mayor parte del proceso. Cuando una persona trabaja la raíz, la historia que se está creyendo, y después incorpora el cuerpo, el efecto se multiplica. Y aclara que trabajar las creencias puede ser un proceso muy profundo y emocional que también llega al cuerpo.


«Cada uno tiene que encontrar su manera de conectar con el cuerpo.»

A partir de ahí, cada persona elige la práctica que le funciona. A Elma le va la vía erótica; admira profundamente a los yoguis que mantienen su disciplina diaria de asanas, y celebra que cada cual encuentre su camino. Insiste en algo esperanzador: a veces basta un pequeño movimiento o una práctica breve, integrada en el día a día, para que el cuerpo despierte y se vuelva sintiente otra vez.

Las claves de Elma para volver al cuerpo

  • Primero, tiempo: también para descansar y aburrirse.

  • Después, trabajar las creencias: la historia que te estás contando.

  • Luego, el cuerpo: la práctica que encaje contigo, sea erótica, yoga, movimiento o deporte.

  • Pequeños gestos diarios: prácticas breves que se integran en tu rutina.




Una sexualidad consciente y respetuosa


Elma acompaña sobre todo a mujeres a recuperar una actitud erótica y a vivir su cuerpo como un espacio seguro. Para ella, la intimidad es un lugar sano para disfrutar, cuidarse y quererse, en pareja o con una misma, y especialmente valioso cuando la vida aprieta. También subraya que cada persona es responsable de conocer su propio cuerpo, y que un contacto respetuoso, amoroso y presente puede cambiar por completo la manera de vivir la intimidad.

Relaciona además la sexualidad con los estilos de apego. Quien tiende al apego ansioso puede vivir la intimidad como una forma de comprobar si es querido, con dificultad para poner límites y comunicar lo que necesita. Quien tiende al apego evasivo puede separar la sexualidad del corazón. Comprender estos patrones abre la puerta a vínculos más conscientes. Y cuando hay heridas más profundas, Elma recomienda acudir a terapia y normalizar ese cuidado también en las épocas tranquilas.


«Se puede ser elegante, se puede ser respetuoso, se puede ser amoroso, aunque estés en una época de experimentación.»



Permiso para sentir


Uno de los momentos más intensos de la entrevista llega cuando Elma habla del desarrollo personal actual. Para ella, este camino siempre ha sido un lugar para cuidar nuestras vulnerabilidades y nuestros dolores, y propone recuperar ese sentido. La presión por estar siempre bien añade una carga más. Las emociones forman parte de la vida y los procesos tienen su ritmo: a veces piden semanas, meses o años de acompañamiento paciente.


«Hay tiempos para caer, hay tiempos para callar, a veces hay tiempos para hablar y a veces hay tiempos para llorar.»

Elma pone voz a quienes sostienen a los demás: terapeutas, madres, médicos, personal de enfermería. ¿Quién cuida al cuidador? Las mujeres fuertes también necesitan un espacio para desahogarse, llorar, quejarse y recibir humanidad. A veces alguien solo necesita sentirse escuchado y que validen su dolor. Ella misma practica la herramienta que enseña y medita con su comunidad, porque la coherencia, para ella, consiste en trabajarse y permitirse sentir.

Lo que necesita quien sostiene a los demás

  • Un espacio seguro para expresar tristeza, rabia o cansancio.

  • Personas que validen su dolor y le pregunten cómo está.

  • Permiso para ser vulnerable, también siendo terapeuta, madre o cuidadora.

  • Acompañamiento con humanidad, además de herramientas.




Los básicos de una relación sana


Sobre el amor de pareja, Elma desconfía de los modelos únicos: cada relación tiene que funcionar a quienes la forman. Lo que sí defiende con firmeza son unos básicos sencillos que conviene integrar: seguridad emocional, respeto, interés y correspondencia. Advierte de una idea que muchas mujeres han aprendido, la de quedarse para «ponerle amor» y enseñar el camino al otro. Su propuesta es clara: elegir vínculos donde ambas personas se corresponden.


«La correspondencia es absolutamente innegociable. Si realmente le interesas, ya vendrá.»

Al mismo tiempo, Elma desmonta otra fantasía: un vínculo sano también incluye decepciones, frustraciones y momentos de tristeza. Convivir con la imperfección humana forma parte del amor real. Por eso le preocupa que la comunicación a través de pantallas, en la que una relación puede empezar y terminar por mensajes, reduzca nuestra tolerancia a esa imperfección. Su consejo es sencillo: quedad, veros, conoceos en persona.



Cada pareja elige lo que le funciona


Cuando hablamos de los nuevos modelos de relación, Elma responde primero como terapeuta. Entiende que surjan nuevas formas de vincularse, y valora especialmente algo que estos modelos trabajan muy bien: los pactos y la comunicación. Hablar de límites y de qué considera cada uno una infidelidad es un aprendizaje valioso también para las parejas monógamas, que a menudo dan muchas cosas por supuestas. Añade una mirada práctica: el tiempo, los hijos y las responsabilidades compartidas influyen en lo que cada persona puede sostener.


«Os tiene que funcionar. Me da igual quién tenga razón.»

Para Elma, la clave está en estar con una persona que quiera lo mismo que tú y en preguntarte con honestidad: ¿qué puedo sostener?, ¿qué me va bien?, ¿qué necesito?, ¿quién soy? Mirar la propia vida y ocuparse de ella, en lugar de seguir modas o ideales.



Su trabajo hoy


Elma acompaña a las personas a través de dos comunidades. En la que llama comunidad hija se aprende y se practica The Work, la herramienta para trabajar las creencias. En la comunidad madre acompaña de forma continuada a personas que ya conocen la herramienta, y ahí aporta lo que más disfruta: liderar, ver puntos ciegos y saber acompañar a cada persona. Siente que ha hecho bien su trabajo cuando alguien aprende a acompañarse por sí mismo y elige seguir caminando a su lado. También ofrece sesiones individuales cuando hace falta, comparte reflexiones breves en su espacio Cafés con Elma, en Spotify, y está dando forma a una nueva etapa para su trabajo de tantra. El tercer libro llegará, en sus palabras, cuando sea el momento.



Preguntas rápidas


  • Un lugar donde se siente en paz: Menorca o Lanzarote. La ciudad de su vida es Marrakech, aunque para la calma elige las islas.

  • Un hábito que cuida: El sueño, el desayuno y levantarse pronto para regalarse un par de horas de slow life por la mañana.

  • Lo que la hace disfrutar de verdad: Una conversación con alguien que siente que la quiere o a quien quiere. El vínculo.

  • Su esencia en una palabra: Intensidad.

  • Algo que hoy valora más que antes: Los vínculos, la gente leal, el tiempo y los animales: sus tres perritas son familia.

  • Para desconectar: Viajar sola, en escapadas cortas de uno o dos días, para disfrutar de la quietud.

  • Qué significa estar bien: Dormir con la conciencia tranquila, vivir con coherencia y poner una intención bonita en sus acciones y en la gente.



La frase para llevarte


«Nuestra paz y nuestro placer no son negociables.» — Elma Roura

Para llevarlo a tu vida

  • Cuando algo te duela, observa la sensación unos instantes y suelta la etiqueta: percibe cómo cambia.

  • Escribe en una hoja un pensamiento que hoy te pese y cuestiónalo con calma: ¿es realmente así?

  • Revisa tus vínculos con tres preguntas: ¿hay respeto?, ¿hay interés?, ¿hay correspondencia?



Escucha la entrevista completa




Libros de Elma Roura: El camino al éxtasis · Relaciones (Ediciones Koan)


Web de Elma Roura: elmaroura.com


Instagram de Elma Roura: @elma_roura


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