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Trauma, cerebro y apego con Maruxa Hernando

Foto del escritor: Cristodora Buiculescu
Cristodora Buiculescu
22 abr
9 min de lectura

Actualizado: hace 9 horas

¿Por qué una persona entiende perfectamente lo que le pasa y, aun así, vuelve a sentir el mismo dolor cada vez que algo se lo recuerda? En esta entrevista, Maruxa Hernando nos lo explica con la claridad de quien lleva más de cuatro décadas acompañando a personas. Con la mano como maqueta del cerebro, metáforas de carreteras y autopistas y mucho cariño, nos muestra qué ocurre dentro de nosotros ante una experiencia que nos impacta y por qué el cerebro tiene una enorme capacidad de cambiar.


Quién es Maruxa Hernando


Maruxa es psicóloga clínica, formadora y creadora del Método SHEC, un enfoque integrador basado en la neurociencia para trabajar el trauma, las pérdidas y los duelos. Es coordinadora y docente de un máster en trauma y apego, con modalidad presencial en Barcelona y modalidad online, dirigido a psicólogos. Lleva más de cuarenta años dedicada a la psicología: empezó en la psicología junguiana, se formó en EMDR y estudió durante años cómo funciona el cerebro hasta dar forma a su propio método, que hoy enseña en formaciones de varios niveles. Jordi se formó con ella hace siete años, y más tarde también Cristodora; Maruxa, a su vez, se formó con ellos en hipnosis rápida. Un camino de aprendizaje compartido.



Cuarenta años viendo evolucionar la psicología


Maruxa recuerda una psicología que durante mucho tiempo avanzó despacio. El trabajo consistía sobre todo en ayudar al paciente a entender su historia y en darle recursos. Era valioso, y a la vez veía que, cuando había un trauma, el proceso se alargaba mucho y resultaba doloroso para la persona. Esa observación la llevó a estudiar el cerebro.

Su interés por la medicina viene de lejos: creció en una familia de médicos, veterinarios y enfermeras, quiso ser pediatra y estudió Farmacia antes de llegar a la Psicología. La maternidad reforzó esa inquietud y la impulsó a estudiar más dentro de la medicina. Cuando una amiga le habló de una técnica que lo resolvía todo «con unos golpecitos», su primera reacción fue el escepticismo; después llegó a EMDR, lo estudió a fondo, vio aspectos que podían perfeccionarse y así empezó a construir el Método SHEC.


«El trauma está en redes neuronales, está en el sistema nervioso y hay que procesarlo.»



El cerebro en la palma de la mano


Para explicarlo de forma sencilla, Maruxa usa el modelo del cerebro triuno de Paul MacLean, sabiendo que hoy la ciencia lo matiza, porque ayuda mucho a entenderlo. La parte más profunda, la reptiliana, nos protege de forma automática y ya está activa en el vientre materno. Encima está el sistema límbico, la parte emocional, donde se encuentra la amígdala, clave en el trauma. Y la tercera es la corteza, la que nos hace más humanos, que madura a lo largo de la vida: los tres primeros años son muy importantes, los siete primeros también, y sigue desarrollándose hasta la edad adulta.

Cuando vivimos algo impactante, el tálamo actúa como un colador que pasa la información muy rápido a la amígdala. Si detecta peligro, se activa el sistema simpático: el corazón se acelera y el oxígeno va a las piernas para poder correr ante el león. En ese modo de supervivencia el cuerpo ahorra energía, y la conexión entre distintas zonas del cerebro se bloquea: pensar, decidir y comprender quedan en pausa. Por eso, con ansiedad, a muchas personas «se les cierra el estómago»: en alerta, la digestión pasa a un segundo plano.

El trauma, explicado por Maruxa

  • Lo que se procesó queda como recuerdo, y podemos recordarlo con calma.

  • Lo que queda pendiente de integrar se guarda en redes neuronales del hemisferio derecho.

  • Cada vez que algo lo recuerda, la red se activa y se vive con el mismo dolor.

  • El cerebro distingue poco entre lo real, lo recordado y lo imaginado.


Ella lo ilustra con el ejercicio del limón: basta imaginar que lamemos un trozo de limón para que la boca se llene de agua. Lo mismo ocurre al ver una película de miedo o al escuchar una historia dura. El cerebro reacciona como si estuviera ocurriendo ahora.



Entender es valioso; integrar es el paso clave


Esta es una de las ideas centrales de la entrevista. Muchas personas dicen: «Sé perfectamente lo que me pasa y sigo sintiéndome mal». Maruxa lo explica así: siguiendo a autores como Bessel van der Kolk, la experiencia traumática queda en el hemisferio derecho con poca conexión con el izquierdo, que es donde están el lenguaje y la comprensión. La terapia que se centra solo en entender lleva a la persona a ese lado izquierdo; sale de la consulta contenta y con herramientas, y cuando la situación se repite, la red del trauma se dispara y aquello que aprendió queda fuera de su alcance, incluso la respiración o la relajación que tenía preparadas.


«Mucha gente se empeña en entender y en comprender, pero primero hay que hacer el paso, hay que integrar, y luego ya el entender y comprender me va a ayudar muchísimo.»

Por eso Maruxa invita a cambiar el orden: primero procesar e integrar, y después comprender. Así todo lo que la persona ya había entendido encuentra por fin su lugar.



La incredulidad, primera fase del trauma


Ante un impacto fuerte, lo primero que solemos decir es «no me lo puedo creer». Esa niebla mental es una forma de protección. Maruxa lo compara con una casa en la que encendemos a la vez la lavadora, la secadora, el microondas y la plancha: salta el diferencial para que la casa siga a salvo. Con el cerebro ocurre algo parecido, y la persona puede vivir un momento de vacío o de desconexión.

Cuando ha pasado algo muy reciente, Maruxa aconseja dar un tiempo: en emergencias primero se acompaña y se está al lado de la persona, y el cerebro necesita un pequeño espacio para empezar a integrar. Cada cerebro tiene su ritmo: quien tiene un apego seguro, recursos y una red de apoyo suele procesar antes; quien arrastra muchas experiencias duras necesita más tiempo y más preparación.

También señala que el cuerpo habla. Hay personas que expresan su dolor y otras que lo guardan por dentro; cuanto más le cuesta a alguien poner palabras a lo vivido, más probable es que siga en esa primera fase. Entonces aparece en el cuerpo, en forma de ansiedad, un dolor de estómago o «una bola» en la garganta.


«Si conecta con el cuerpo, es la manera más rápida de trabajar el trauma.»



Apego: cómo nos amaron de niños


El trauma temprano influye muchísimo en el desarrollo del cerebro. Las partes reptiliana y límbica ya están activas durante el embarazo, y después del nacimiento llega el apego: el modo en que nos cuidaron, si nos sentimos importantes, escuchados y aceptados tal como somos. De ahí nacen la seguridad, la autoestima y la estructura de quiénes vamos a ser.


«Este modo de amar al niño, este modo de cómo me han cuidado, cómo me han tratado, nos va a dar la seguridad, la autoestima.»

Maruxa reconoce que un apego seguro al cien por cien es difícil: hay padres con muchos miedos, padres que se preocupan en exceso o que, con prisas, escuchan poco. Cuando un niño vive algo difícil y le falta un adulto que le ayude a resolverlo, lo resuelve con los recursos de su edad, por ejemplo con tres años. Y esa solución se queda.

De ahí su imagen tan gráfica: «¿Verdad que ya dejaste los pantalones de cuando tenías cinco años?». Nuestra manera de funcionar también puede crecer con nosotros. Cuando un adulto reacciona «como si tuviera cuatro años», está usando la estrategia que aprendió entonces. Y explica algo importante sobre las relaciones: quien creció en un ambiente de trato duro aprende a moverse bien en él, y el buen trato le resulta extraño, a veces incluso incómodo. Por eso puede volver a elegir vínculos que duelen, simplemente porque le resultan familiares.

Lo que nos da un apego seguro

  • Sentir que soy importante para quienes me cuidan.

  • Saber que me aman y me aceptan tal como soy.

  • Ser escuchado y recibir ayuda para afrontar la vida.

  • Seguridad, autoestima y confianza para el futuro.




El efecto Apex: cuando el cambio llega rápido


Con las técnicas basadas en neurociencia, a veces el cambio llega tan deprisa que la propia persona duda de él. Es lo que se conoce como efecto Apex: el paciente busca mil explicaciones («igual es porque hay más luz», «igual es porque estoy hablando») porque está acostumbrado a que la terapia dure años. Maruxa recuerda que en su época se hablaba de dos sesiones semanales durante mucho tiempo; hoy, sabiendo cómo trabaja el cerebro, podemos ayudarle a recuperar el camino que había quedado bloqueado.

Por eso, tras el cambio, también es importante acompañar: dar recursos y habilidades para que la persona aprenda a vivir desde ese nuevo bienestar, tan distinto de lo que conocía.



Método SHEC: de la carretera bloqueada a la autopista


El Método SHEC deriva de EMDR, una técnica que Maruxa considera fabulosa, muy investigada y que funciona muy bien cuando la aplica un terapeuta experto. Al principio su nombre aludía a la sincronización de hemisferios cerebrales, y hoy se centra en la integración cerebral, horizontal entre hemisferios y vertical entre los tres niveles del cerebro. Es un enfoque muy integrativo: según la persona que llega, se empieza por un protocolo de bienestar, por dar recursos o por otro camino. Cuando se trabaja el momento de más intensidad, incorpora herramientas como EFT y otras técnicas que ayudan a bajar enseguida el malestar, para que el proceso sea más rápido y, sobre todo, más amable.

Para explicar el proceso, Maruxa usa una metáfora preciosa. El impacto deja la carretera entre una zona y otra del cerebro cubierta de chapapote, y la información queda atascada. Al trabajar la incredulidad, que a menudo se resuelve en pocos minutos, se abre una pequeña carretera de montaña: ya hay paso, aunque lento. En la segunda fase se trabajan el cuerpo, las emociones, las creencias y las sensaciones físicas, viviendo la situación desde un hemisferio y desde el otro. Es como limpiar unas gafas sucias: la persona empieza a ver y baja la intensidad. Al final llega la aceptación y la carretera se convierte en autopista, por la que circulan muchos coches a la vez.


«Cuando tengas la autopista abierta, todo va a quedar integrado.»

Ella misma lo resume así: el tenedor y su uso viven en hemisferios distintos; cuando están integrados, sabemos que el tenedor sirve para comer. Y añade algo muy esperanzador: todo lo que la persona había trabajado antes en otras terapias se recoloca y suma. Los cambios que observa son claros: más seguridad, más confianza, menos ansiedad, más energía en el trabajo y creencias que pasan de «soy un cero a la izquierda» a «soy valioso». En los duelos, la persona conserva los mejores recuerdos de quien se fue.



Un espacio seguro y un terapeuta presente


A los profesionales que forma, Maruxa les recuerda que lo primero es que el paciente se sienta seguro. Por eso cuida cada detalle de su consulta, incluso el olor, y protege la intimidad de las sesiones de trauma: puertas cerradas, el teléfono apagado y un espacio donde la persona sabe que la aceptan tal como es. Antes de entrar en el trauma, quiere conocer a quien tiene delante: sus recursos, cómo vive las cosas, qué necesita primero. Entrar demasiado rápido puede retraumatizar.

Recuerda una sesión de sus primeros años como analista en la que apenas intervino: escuchó, presente y respetuosa, y al terminar la persona le dijo que había sido la mejor sesión que habían tenido. Para ella, ahí está la clave.


«Apego seguro, presencia. Yo estaba allí.»



Integrar lo mejor de cada escuela


Maruxa defiende una psicología integradora. En el primer módulo de su máster recorre la historia de la psicología como un árbol y pregunta qué nos llevamos de cada rama, del psicoanálisis, del humanismo y de las demás. El máster integra mindfulness, cuerpo, emoción, trabajo de partes, EMDR y un módulo de yoga para el trauma. Cada paciente responde mejor a una técnica, y cada terapeuta también se maneja mejor con una que con otra; lo importante es lo que ayuda a la persona.


«Lo mejor es lo mejor de todo: integrarlo.»

También comparte los consejos que da a quienes llegan a su consulta: hacer ejercicio, como yoga, pilates o correr, cuidar la alimentación, dormir bien y mantenerse bien hidratados después de las sesiones. Cita a Van der Kolk y su invitación a bailar y a practicar yoga, y considera El cuerpo lleva la cuenta su libro de cabecera. Como en todo lo relacionado con la salud, cada persona puede consultar con su médico los cambios que quiera hacer en su alimentación. Y deja un mensaje a los profesionales: actualizarse en neurociencia es un compromiso con los pacientes, porque cada curso trae algo nuevo.



Preguntas rápidas


  • Un mito sobre el trauma que le gustaría desterrar: Que el trauma te marca para siempre. La realidad es que se puede trabajar y sanar.

  • Un momento del día sagrado: Todos, y en especial cuando está hablando con su marido.

  • Algo que parece ayudar y en realidad mantiene el dolor: Guardarlo en secreto. Compartirlo con alguien de confianza ayuda a soltar la culpa y el malestar.

  • Una cualidad imprescindible en un buen terapeuta: Ofrecer un apego seguro: estar presente, apreciar y escuchar a la persona.

  • Una pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿Qué es lo que yo quiero?

  • Lo que le sigue sorprendiendo del cerebro: La neuroplasticidad y la neurogénesis: podemos estar bien y llegar a ser felices.

  • Lo que la infancia deja en nosotros para bien: El apego seguro, el amor que recibimos.

  • Un hábito sencillo para la salud emocional: Escucharse, para saber qué quiere.

  • La habilidad emocional que enseñaría en los colegios: La empatía.



La frase para llevarte


«No hay nada perdido cuando hay un trauma: podemos ayudar. El cerebro tiene una neuroplasticidad y la facilidad de poder cambiar.» — Maruxa Hernando

Para llevarlo a tu vida

  • Cuando una reacción te parezca más grande que la situación, pregúntate con cariño: ¿qué edad siento que tengo ahora?

  • Haz el ejercicio del limón y observa cómo responde tu cuerpo a una imagen: tu cerebro también responde a las imágenes que eliges.

  • Regálate cada día un momento para escucharte y hazte la pregunta de Maruxa: ¿qué es lo que yo quiero?



Escucha la entrevista completa




Web de Maruxa Hernando: maruxahernando.com


Instagram de Maruxa Hernando: @maruxahernando.psicologa


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