Burnout, sistema nervioso y yin yoga somático con Laura Palenque

Actualizado: hace 9 horas
Vivimos a un ritmo que nos invita a correr, producir y seguir adelante, incluso cuando el cuerpo lleva tiempo pidiendo una pausa. En esta entrevista, Laura Palenque comparte con nosotros cómo aprendió a escuchar esas señales. Con honestidad, cercanía y mucho sentido del humor, nos habla de burnout, de la incomodidad de la quietud, del sistema nervioso y del cuerpo como puerta de entrada a una vida más consciente. Una conversación para quien siente que ha llegado el momento de parar y quiere hacerlo con amabilidad.
Quién es Laura Palenque
Laura es periodista, profesora de Yin Yoga Somático y facilitadora de Breathwork trauma-informado. Trabajó durante muchos años en televisión, primero como reportera de informativos en la delegación de Cataluña y después en un mundial de motociclismo, donde llegó a ser jefa de sección de comunicación y contenidos. En 2019 un burnout marcó un antes y un después: dejó la televisión y viajó a la India, donde se formó en Rishikesh. Desde entonces vuelve cada año a la India y ha vivido cuatro años en Sri Lanka. Hoy acompaña a personas de todo el mundo con clases, retiros y su formación de 50 horas en Yin Yoga Somático y Trauma-Informado, presencial y online.
Del sueño de comunicar a la televisión
Con cuatro o cinco años Laura ya decía que quería ser periodista. Le encantaba escribir, hablar y contar historias, y soñaba con ser corresponsal en África para contar historias que ayudaran. En la universidad descubrió que el periodismo real tenía otras reglas: una línea editorial, unas personas que deciden de qué se habla cada día. Sus primeros años cubriendo cultura, danza, teatro y conciertos fueron felices. Con un cambio editorial llegaron las ruedas de prensa políticas, y con ellas la sensación de que aquel camino se alejaba de lo que ella había soñado.
Hoy lo mira con otros ojos. Siente que sigue cumpliendo su sueño de niña, ahora desde las clases, las formaciones e Instagram, comunicando su propia visión con la intención de aportar algo que ayude a los demás.
«Ahora sí comunico mi verdad, mi visión, cómo yo veo las cosas, con esa intención de aportar algo que ayude a los demás.»
Cuando el cuerpo pide parar
La vida en televisión era emocionante: cero rutinas, mucho movimiento, directos a contrarreloj y el móvil siempre encendido, incluso de vacaciones. Mientras tanto, Laura empezó a practicar yoga y a leer filosofía del yoga y libros de crecimiento personal. Con ellos llegaron las preguntas. Se descubrió en un mundo de competición y de ego en el que intentaba encajar siendo la persona que se esperaba de ella, y su cuerpo empezó a hablar. En 2019 llegó el burnout, el punto de inflexión de su historia.
Tomar la decisión le costó. Sentía miedo al qué dirán, miedo a lo desconocido y la sensación de soltar una posición considerada de éxito. Para encontrar el impulso hizo algo muy concreto: siete u ocho meses antes de comunicarlo en el trabajo, compró un billete a la India. Ese billete fue su ancla, su manera de decirse a sí misma que lo iba a hacer.
«Me compré ese billete para encontrar esa fuerza de decir: lo tienes que hacer.»
Laura invita a mirar el burnout con atención, porque tiene muchos niveles. Solemos imaginar solo su forma más extrema, y muchas personas viven en un estado de agotamiento y ansiedad que se ha vuelto habitual. Precisamente por eso conviene parar y preguntarse cómo estamos de verdad.
Señales para tomar conciencia
Vivir conectada las 24 horas, también en los días de descanso.
Sentir que el cansancio y la tensión forman parte de lo normal.
Notar que el cuerpo habla antes de que la mente quiera escuchar.
Buscar estímulo tras estímulo y dejar poco espacio para estar contigo.
La India: el yoga más allá del cuerpo
Cuando Laura viajó a la India llevaba ya unos cinco años practicando. El yoga se había convertido en su refugio: en los viajes de trabajo, con jornadas de doce o catorce horas, buscaba siempre cuarenta minutos para su práctica. Su primera maestra fue Renata Ramos, profesora de yoga de su pueblo, que había sido su profesora de baile desde los doce años y que ya transmitía filosofía y mantras en sus clases. De ahí nació el llamado de la India.
Tras un tiempo viajando, hizo su primera formación en Rishikesh con un maestro de enfoque muy tradicional, para quien las posturas eran lo último. Allí se encontró a sí misma y descubrió una espiritualidad muy presente en el día a día: el yoga de la devoción, de los mantras y del karma. Aquella experiencia le dio una perspectiva nueva sobre la forma en que vivimos.
Del hatha al yin: el valor de parar
Laura se define como la persona que pensaba que el yin yoga era aburrido. Necesitaba adrenalina y movimiento, y sus días libres siempre tenían un plan. El yin llegó en un momento de agotamiento, cuando sentía que necesitaba parar y aún se lo permitía poco. Al principio vivía una batalla mental, la sensación de estar perdiendo el tiempo. Pero al terminar cada clase, la calma que sentía la hacía volver. Con el yin, además, empezaron a salir emociones que había ido guardando.
Para ella, hatha y yin son complementarios. El hatha es la parte más dinámica, de activación y energía yang; el yin, la parte de relajación y de procesamiento. Siempre hay yin en el yang y yang en el yin, y la clave está en preguntarse dónde estás en tu vida y qué necesitas equilibrar. Laura sigue practicando hatha y ha elegido compartir yin porque siente que es lo que más se necesita hoy: aprender a parar, y a parar con tranquilidad, como parte natural del descanso y la regeneración.
«Todos podemos sentirnos en calma y encontrar ese equilibrio o esa paz interior. Hay que cultivarla.»
Hatha y yin, en pocas palabras
Hatha: más dinamismo, activación muscular y energía yang.
Yin: quietud, relajación, procesamiento y trabajo con la fascia.
La pregunta clave: ¿dónde estás hoy y qué necesitas equilibrar?
Quietud externa, movilidad interna
Si el sistema nervioso está acostumbrado a vivir en alerta, la quietud resulta incómoda al principio. El cuerpo y la mente quieren salir de ahí, e incluso la agitación interna puede aumentar. Laura lo explica con una frase que repite a menudo en sus clases: el yin es una práctica de quietud externa y de movilidad interna. Con paciencia y tiempo, esa incomodidad se transforma en un lugar de calma.
«Es una práctica de quietud externa, pero de movilidad interna.»
Por eso, como profesora, da mucha importancia a explicar la práctica desde el inicio y a normalizar lo que puede aparecer. Escanea la sala, lee el lenguaje corporal y acompaña con la voz: si alguien abre los ojos a menudo o se ajusta una y otra vez, le ofrece una respiración, una herramienta de regulación somática o unas palabras que validan lo que está viviendo. Lo compara con la meditación, el gimnasio o el surf: es un proceso, y cada día de práctica suma. Diez minutos diarios tienen un efecto muy distinto a una sesión aislada a la semana.
Laura también comparte una expresión que aprendió de un maestro en la India: el shopping espiritual. Probar una sesión de breathwork, otra de reiki y otra de ashtanga, como quien hace scroll, reproduce la misma búsqueda de estímulos del día a día. Su propuesta es darle a una práctica el tiempo y la constancia que merece.
El cuerpo también sana
Laura celebra que hoy hacer terapia se viva con más naturalidad y anima a todo el mundo a hacerla. A la vez, recuerda el siguiente paso: incluir el cuerpo. Explica que muchos procesos suceden de abajo arriba, del cuerpo a la mente, y que a través del trabajo corporal también podemos transformar nuestra mente. En el yin yoga, un componente fundamental es el trabajo con la fascia, un tejido sensorial muy relacionado con las emociones y que, según explica, reacciona al estrés y a lo que vivimos. Por eso, para ella, el yoga es mucho más que un deporte: usa el cuerpo como vehículo para trabajar a nivel energético, emocional y mental.
«Todo el mundo debería hacer terapia, porque todos tenemos cosas que trabajar. Pero no nos podemos olvidar del cuerpo.»
En sus formaciones intensivas de cinco días lo ve con claridad. Hacia el tercer día, muchas personas empiezan a soltar emociones guardadas durante años. Una alumna a quien hacía mucho tiempo que le costaba llorar descubrió todo lo que su cuerpo estaba sosteniendo. Otra, que se desconectaba de su cuerpo al entrar en las posturas, aprendió a usar el movimiento como recurso y a ser su propia guía; el último día le dijo que, por primera vez en años, había sentido su cuerpo durante toda la práctica. Para Laura, la clave es la seguridad: cuando el cuerpo se siente sostenido y acompañado, se abre.
Un ejercicio para escuchar tu cuerpo
Detente un momento. Donde estés, lleva la atención a tu cuerpo.
Busca la expansión. Pregúntate: ¿en qué parte de mi cuerpo siento expansión?
Busca la contracción. Pregúntate después: ¿en qué parte siento contracción?
Observa con curiosidad. El objetivo es observar; cada respuesta es válida.
Trauma informado: seguridad, elección y lenguaje
Laura define el trauma como algo que el cuerpo y el sistema nervioso han sido incapaces de procesar: algo que sucedió demasiado rápido o con demasiada intensidad. Lo importante es cómo lo vive cada persona, más allá del evento en sí, y por eso todas las personas tenemos respuestas pendientes de procesar, especialmente de la infancia. Ser trauma informado significa tomar conciencia de que cada persona llega a clase con su mochila y contar con herramientas para acompañar. La prioridad es la seguridad y la regulación, por encima de la secuencia planeada para ese día.
«Yo confío plenamente en que tú sabes mejor que yo qué es lo que tu cuerpo necesita.»
Su objetivo es que cada persona salga de clase igual o mejor de lo que entró. Para ello da autonomía y libertad de elección, y cuida mucho el lenguaje, algo que como periodista siempre ha tenido presente. Presenta todas las opciones de una postura como igual de válidas y guía desde la sensación más que desde la forma: en la mariposa, por ejemplo, invita a buscar un estiramiento en la cara interna de las piernas para que cada persona cree su propia postura. Lo relaciona con ahimsa, el principio yóguico del respeto y la amabilidad hacia todos los seres, también en la manera de hablar, y extiende la invitación a cualquier profesional que trabaje con personas.
Claves de una clase trauma-informada
Explicar la práctica y normalizar lo que puede aparecer.
Priorizar la seguridad y la regulación sobre el plan de la clase.
Ofrecer elección: cada persona decide qué necesita su cuerpo.
Usar un lenguaje que invita, valida e incluye a todo el mundo.
Espiritualidad para todos
Laura habla de una espiritualidad para todos, cercana y auténtica. Para ella, si eres humano, eres espiritual, y la espiritualidad nos acerca a nosotros mismos y a la realidad. Se vive en la manera de afrontar el día a día, en la vida que te toca, también en los momentos difíciles. Invita además a observar el ego espiritual: quienes ya han aprendido algo en su proceso pueden compartirlo con humildad, porque todos estamos haciendo lo que podemos.
«Más que ver lo que haces en la esterilla, yo quiero ver cómo le hablas al frutero de la esquina cuando vas a comprar.»
Para llevar el yoga a la vida propone gestos sencillos: pequeñas pausas para preguntarte cómo te sientes y cómo respiras, y diez minutos al día de respiración consciente, más lenta y más profunda. Lo explica con una imagen muy terrenal: un coche aparcado quince días cuesta arrancar, y con el cuerpo pasa lo mismo. Practicar un poco cada día mantiene los canales limpios. Y recuerda que yoga viene de yug, integración de mente, cuerpo y espíritu. Además, sueña con que en las escuelas se enseñe a los niños a respirar, a gestionar sus emociones y a practicar yoga.
Yin Yoga Somático: su proyecto actual
Toda esta experiencia se reúne en su formación de Yin Yoga Somático y Trauma-Informado. Incluye una mirada al funcionamiento del sistema nervioso, a las respuestas de supervivencia que puede despertar la quietud y a herramientas específicas de regulación: la activación del nervio vago, la respiración y el sonido. Laura honra el yin tradicional, más centrado en la disciplina de sentarse con la quietud, y le suma recursos pensados para el ritmo de vida actual, priorizando la regulación y el uso consciente del lenguaje.
En pocas palabras
La huella que quiere dejar: Aportar algo que ayude a las personas a sentirse mejor y a vivir con más calma, más bienestar y más acompañamiento.
La espiritualidad: Si eres humano, eres espiritual.
Un deseo para las escuelas: Que enseñen a los niños a respirar, a gestionar sus emociones y a practicar yoga.
Una práctica para empezar hoy: Diez minutos al día de respiración consciente.
La frase para llevarte
«Escucha tu cuerpo. El cuerpo nos habla. Busca un espacio en el que poder crear esa escucha y dale una oportunidad al yin yoga: es una de las prácticas que más me ha ayudado en mi proceso personal.» — Laura Palenque
Para llevarlo a tu vida
Regálate tres pausas al día y pregúntate: ¿cómo me siento ahora?, ¿cómo estoy respirando?
Dedica diez minutos diarios a una respiración más lenta y más profunda.
Prueba una clase de yin yoga y acoge con paciencia lo que aparezca en la quietud.
Escucha la entrevista completa
Web de Laura Palenque: laurapalenque.com
Instagram de Laura Palenque: @laura.palenque
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